Ian se quedó de pie junto a la ventana, mirando hacia la nada con los ojos entrecerrados. La habitación estaba silenciosa, demasiado silenciosa para sus gustos. Fuera, la ciudad seguía su curso, ajena a los pensamientos que lo atormentaban. Max seguía en el hospital, su estado empeoraba con cada día que pasaba, pero Ian no podía permitirse derrumbarse por la incertidumbre. Tenía que mantener la imagen de control. No podía mostrar debilidad. Y menos ahora.
Sus manos se apretaron sobre el tel