Cinco días habían transcurrido bajo una tensión insoportable. En las oficinas de Morgan Systems, el aire se cortaba con el roce de una mirada. Maya y Alexander se habían convertido en dos extraños que compartían un mismo espacio físico, limitando su interacción a lo estrictamente operativo: firmas de documentos, confirmación de horarios y correos electrónicos despojados de cualquier matiz humano.
Maya cumplía con su labor con una eficiencia gélida, manteniendo su nueva postura de distancia y di