Apenas salieron del concesionario y Maya encendió el motor, su teléfono personal comenzó a vibrar con una violencia inusual. En la pantalla, el nombre "ALEXANDER" brillaba en letras rojas.
Maya respiró hondo y contestó.
—¿Qué demonios significa esto? —La voz de Alexander rugió al otro lado de la línea, cargada de una furia gélida—. Acabo de recibir una notificación de una transacción de sesenta mil dólares en un concesionario. ¿Dónde estás, Maya?
—Comprando las herramientas necesarias para mi t