El sol de la mañana se filtraba por los ventanales del restaurante, pero Maya no sentía su calor. Tenía la mirada perdida en el vapor que subía de su taza de café, mientras sus dedos jugaban nerviosamente con el borde del mantel. Frente a ella, Camila la observaba con una mezcla de preocupación y escrutinio, esperando que su amiga soltara la carga que evidentemente la estaba aplastando.
Maya se sentía vacía, como si la intensidad del encuentro de la noche anterior le hubiera arrebatado la últim