Alexander detuvo el auto frente a la imponente mansión de los Mayer. El complejo, una joya de arquitectura clásica rodeada de jardines perfectamente podridos, gritaba una sola palabra: linaje. A pesar de la adrenalina que aún recorría su sangre tras lo ocurrido en el baño con Maya, recuperó su máscara de frialdad y seguridad antes de bajar.
Stefany lo esperaba en el gran recibidor de mármol. Lucía una pieza de alta costura, un vestido de seda color esmeralda que resaltaba su figura y la palidez