Maya se acercó a la cama, le dio un beso suave en la frente a Camila y luego miró a Amanda.
—Cualquier cosa, por mínima que sea, llámame por favor. No importa la hora —le pidió con voz queda.
—Gracias, Maya. No sé qué habría hecho sin ti —respondió Amanda, apretándole la mano.
—Amo a Camila, es mi única amiga. Mañana a primera hora estaré aquí para relevarte. Descansa lo que puedas —se despidió Maya.
Alexander, que esperaba junto a la puerta, se limitó a mover la cabeza en un gesto solemne de d