El crepúsculo francés no cayó de forma gradual; se desangró sobre las fachadas de piedra caliza de Neuilly-sur-Seine como hierro líquido derramado sobre un lienzo de tiza. El sol moribundo, filtrado por la densa contaminación de París y las nubes bajas del norte, proyectaba largas líneas horizontales de un color carmesí espeso y violento que se arrastraban por el suelo de la suite médica. Afuera de las altas ventanas de seguridad arqueadas del Hospital Americano de París, el patio privado se ex