El aire en la parte trasera del coche sabía a cobre y a viejas mentiras. Observé la ciudad pasar como un borrón gris y plateado; los rascacielos de Manhattan se inclinaban como espectadores en una ejecución pública. Dante estaba de vuelta en el ático, una versión vacía de sí mismo, mirando fijamente un escritorio de caoba que ya no le pertenecía. Lo había dejado allí porque sabía que él no podía hacer lo que era necesario. Todavía tenía la sangre Vane en sus venas; todavía sentía la atracción d