Raquel
Mi teléfono sonó poco después de que Fernanda se fue.
—Hola —dijo Andrea en cuanto contesté, con la voz sorprendentemente tensa—. ¿Tienes un segundo?
Fui a sentarme en el banco junto a la ventana y metí los pies debajo de mí.
—Tengo segundos de sobra.
—¿Javier te ha dicho algo?
Me mordí el interior de la mejilla.
—Me ha dicho muchas cosas.
Eres un recipiente vacío que puedo usar como me dé la gana. Como carnada. Como esposa. Por eso eres perfecta para esto, Raquel.
—¿Algo en particular?