Raquel
Aquello no podía haber salido peor.
La puerta principal se cerró de un portazo tan fuerte que hizo vibrar los cristales. Fernanda soltó el aire como si lo hubiera estado conteniendo todo ese tiempo. Javier no se movió. Se quedó mirando el espacio que su padre acababa de dejar, como si esperara que regresara para rematarlo todo; como el villano de una película slasher que vuelve a ponerse en pie cuando ya estabas seguro de que estaba muerto.
Miré a Fernanda, pero no quiso cruzar la mirada