El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de seda de la habitación de Mariana, dibujando patrones dorados sobre el suelo de mármol. Llevaba ya tres meses en el palacio, tiempo suficiente para haberse acostumbrado al lujo que la rodeaba, pero aún se sorprendía cada mañana al despertar en aquel espacio que parecía sacado de un cuento de las mil y una noches.
Se levantó y se dirigió al baño para prepararse. Mientras cepillaba su cabello frente al espejo, notó algo diferente en el ambiente. L