El pasillo que conducía a las habitaciones de Mariana parecía más largo que nunca. Khaled avanzaba con pasos medidos, consciente de cada latido de su corazón. La noche anterior apenas había dormido, repasando una y otra vez la escena en el hospital: Mariana sosteniendo la mano de Amira, cantándole suavemente, siendo el pilar que su hija necesitaba mientras él se desmoronaba por dentro.
Se detuvo frente a la puerta. Como jeque, como padre, como hombre, sabía que debía expresar su gratitud formalm