El sol de la tarde caía sobre los jardines del palacio, bañando con su luz dorada las fuentes de mármol y los senderos de piedra pulida. Mariana había extendido una gran manta colorida sobre el césped, creando un espacio acogedor bajo la sombra de una pérgola cubierta de buganvillas violetas. A su alrededor, había dispuesto varios juguetes, libros ilustrados y materiales para manualidades.
—¡Amira, Sami! ¡Vengan, vamos a jugar algo divertido! —llamó con entusiasmo mientras terminaba de organizar