El silencio de la noche envolvía el palacio como un manto protector. Khaled permanecía de pie junto al ventanal de su despacho, contemplando los jardines iluminados por la luna. Las sombras de las palmeras se proyectaban sobre el suelo como largos dedos que parecían querer alcanzar algo inalcanzable. Así se sentía él: extendiendo sus manos hacia un pasado que no podía recuperar y un futuro que no se atrevía a imaginar.
El jeque respiró hondo, sintiendo el peso de los recuerdos sobre sus hombros.