El silencio del palacio a medianoche siempre había sido el refugio de Khaled. Mientras recorría los pasillos de mármol, sus pasos apenas audibles sobre la superficie pulida, sentía el peso del día deslizarse de sus hombros como gotas de agua. Las reuniones con el consejo, las negociaciones con inversores extranjeros y las interminables decisiones políticas quedaban atrás, al menos por unas horas.
Esta noche, sin embargo, el silencio no traía paz.
Khaled se detuvo frente a los ventanales que daba