Mundo ficciónIniciar sesiónEl acero reforzado no cedió bajo sus puños. Mariana golpeó la puerta hasta que sus nudillos ardieron, hasta que el dolor físico casi logró opacar el pánico que le comprimía el pecho como un puño invisible.
—¡Abran! ¡Por favor!
Silencio. Solo el eco de su propia voz rebotando contra paredes que ahora parecían cerrarse sobre ella.
Idris despertó con un gemido que rápidamente escal







