Mundo ficciónIniciar sesiónEl acero reforzado había dejado de responder a sus golpes hacía ya varios minutos, pero Mariana continuaba allí, de rodillas frente a la puerta sellada del búnker, con las manos temblorosas y los nudillos en carne viva. El aire acondicionado zumbaba con su indiferencia mecánica, ajeno al colapso interno de una mujer que acababa de perder a su hijo.
Es mi culpa. Todo es mi culpa.
Las palabras se repetían en su mente como un mantra destructivo, cada repetición hundiendo el cuchillo más profundo en su conciencia. El video seguía reproduciéndose detrás de sus párpados cada vez que cerraba los ojos: Idris dormido, vulnerable, en manos de un monstruo que había orquestado cada movimiento con la precisión de un cirujano y la crueldad de un sádico.
—Mariana.
La voz de Khaled llegó desde algún lugar lejano, filtrada a través de las capas de pánico que la envolvían como un sudario.
—Mariana, mírame.
Unas manos firmes la tomaron por los ho







