El motor del Jeep rugía mientras Khaled conducía por el desierto, alejándose cada vez más de las luces del palacio. La oscuridad los envolvía, solo interrumpida por el resplandor plateado de la luna llena que bañaba las dunas con un brillo etéreo. A su lado, Mariana permanecía en silencio, su perfil delicado recortado contra el paisaje nocturno.
Khaled apretó el volante con fuerza. Los celos lo habían consumido durante días, imágenes de Mariana junto a Rashid atormentándolo cada noche. La había