IVANA
Me lleva al auto contrariada, no sé qué es lo que ha pasado y porque el hombre me ha prohibido hablar con quien a mí se me dé la gana.
Esta situación siento que se me va a salir de las manos y ya no se qué pensar.
Su aroma masculina me invade apretándome la boca del estómago y ya he dicho que el huele delicioso.
—Disculpa—asiento que la cara me arde—tu a mí no vienes a prohibirme nada.
—Sube al auto, ya hablaremos.
—No te lo permito—no sé qué le pasa —eres mi cuidador nada más.