Capítulo 37: Horas de angustia
Llego corriendo a esa sala, no me importa si los guardias o el personal del lugar se molesta.
Las luces blancas de la sala intensiva me hieren los ojos, pero no aparto la vista de esa puerta cerrada. La sensación es la misma que cuando uno queda atrapado en un sueño del que no puede despertar: los segundos son eternos, cada minuto parece una condena mientras espero aquí afuera.
Pero no quiero esperar más, así que trato de ver por arriba, al menos empujar un poco l