ALMAS DESTINADAS – TU NOMBRE
—Hola —respondió ella finalmente.
Su voz era más suave fuera del escenario. No proyectada, no cargada de música. Natural. Y aun así, a Liam le produjo el mismo efecto que segundos antes: una ligera presión en el pecho, como si algo se acomodara sin pedir permiso.
—¿Qué haces aquí? —añadió.
Sarah ladeó la cabeza con curiosidad abierta. No había desconfianza en su gesto, solo sorpresa. Él no encajaba del todo en ese lugar, y ella lo sabía. No por arrogancia, sino por