**LEONOR**
La ventaja de vivir en un pueblo donde la atracción principal es el campanario de la iglesia es que el tiempo pasa lento, pero mi panza no seguía ese ritmo. Ya andaba por el cuarto mes y la ropa holgada de lino empezaba a quedarme justa. Mi chamba como tutora privada iba viento en popa; los billetes en la lata de conservas ya hacían un bulto decente y Mateo andaba feliz porque por fin comíamos carne de la buena casi todos los días.
Me acomodé en la mesa del jardín, bajo la sombra de