**BIANCA, LA EX**
El zumbido ensordecedor de las hélices del helicóptero de Casper por fin empezó a perderse entre los acantilados de Liguria. En cuanto el ruido se volvió un eco lejano, me arranqué la cánula de oxígeno de la nariz con un movimiento seco y me incorporé en la cama de la clínica privada, mandando a la mierda la rigidez de mi papel de moribunda. El sudor frío y la palidez de mi rostro no eran por el cáncer terminal; eran el resultado de las dosis exactas de medicamentos que el doc