**LEONOR**
La mandíbula de Casper estaba tan rígida que temí que se le rompiera. Su agarre en mi mentón no dolía, pero tenía esa firmeza posesiva que me recordaba que, para este hombre, las cosas se tomaban por la fuerza o no se tenían. El agua de la tormenta le goteaba por las pestañas, pero él ni parpadeaba; me miraba la panza como si estuviera tratando de descifrar el código más complejo de su holding.
—No voy a subirme a ese coche, Casper —siseé, intentando apartar su mano con un manotazo q