**LEONOR**
Horas más tarde, la calma gélida de la madrugada envolvió la habitación. Estaba tendida sobre su pecho, escuchando el latido pesado y rítmico de su corazón, mientras sus dedos trazaban círculos perezosos sobre la curvatura de mi abdomen.
—Mañana la prensa nos va a destrozar en los titulares —articulé con ironía, acariciando la línea de su mandíbula.
—Que escriban lo que quieran —contestó Casper, apretando su agarre sobre mi cintura con la contundencia de un muro de hormigón—. Esta su