**BIANCA**
Casper no respondió. Se dio la vuelta y salió del dormitorio con pasos gigantescos, azotando la puerta con una violencia destructiva que hizo vibrar las molduras de la suite.
Me dejé caer sobre el diván, soltando una carcajada triunfante que inundó el silencio de la habitación. Estaba dentro. Tenía al magnate contra las cuerdas usando al crío como escudo biológico, y la junta de Zúrich no tardaría en morder el anzuelo de la reconciliación familiar.
“Esa muerta de hambre de Navarra