Su mente daba vueltas. ¿Y si él estaba allí para terminar lo que su padre había empezado? ¿Y si todo esto era una cruel trampa?
La expresión de Mason se suavizó, aunque aún había un borde de cautela en su mirada.
—Relájate —dijo, con voz más tranquila ahora—. No estoy aquí para hacerte daño. Te salvé. Me enteré del plan de tu padre… de matarte. Los seguí y te saqué de allí.
Sus labios se separaron por la conmoción, con las palabras atascadas en su garganta. ¿Él… la había salvado?
—Yo… no sabí