—Astra —la llamó de nuevo, con voz suave pero desesperada. Sus ojos, una vez nublados por una intensidad de otro mundo, comenzaron lentamente a volver a su tono normal y familiar. Ella jadeó con fuerza, como si despertara de un trance, y sus manos temblorosas soltaron su agarre sobre él, el agarre que había sido apretado con una fuerza inexplicable.
—Lo siento… —susurró ella, con voz débil, apenas audible. Las palabras escaparon de sus labios en una disculpa sin aliento, pero antes de que pudie