Aquella era una noche para recordar en la Manada de la Luna Plateada. La luna llena colgaba baja en el cielo, bañando el pueblo con un resplandor plateado. El aire vibraba con los aullidos de los lobos, cuyos ecos misteriosos resonaban por las calles. Era una celebración especial: los miembros de la manada se transformaban en sus formas de lobo y recorrían el pueblo, dejando que su lado salvaje brillara.Lysander suspiró con tristeza, con la mirada fija en el techo de su pequeño dormitorio. Estaba tumbado en la cama, sintiéndose aburrido y solo. No se atrevía a salir y unirse a la celebración. Como omega, el rango más bajo de la manada, no era bienvenido entre los demás. Lo único que recibiría serían burlas, humillaciones y, tal vez, golpes.—Lysander —llamó una voz.Una pequeña sonrisa apareció en sus labios al ver a su padre acercándose. Sus pasos eran ligeros, pero los oídos de Lysander los captaban con facilidad.—Bienvenido a casa —dijo Lysander con suavidad, sentándose en la cam
Leer más