YAMILA KAYA
—¡Eres una maldita escoria! — siseé llena de ira— Si te atreves a expresarte así de tu propio hijo… no se que puedan esperar estos payasos que te acompañan. ¡Termina de una vez con este circo!
—¡Si no firmas!… Pues… No habrá transplante.
—¡Firmaré!— escupí rabiando—¡ Pero no por ti idiota! Sino por lo que está en juego. Pero… solo espero que la vida te cobre lo que estás haciendo.
—¡Ñi ñi ñi!— se burló y sentí unos deseos demasiado fuertes de romperle el cuello, y no lo hice sol