YAMILA KAYÁ
El nombre de la difunta me paralizó, y no fue precisamente por celos. No tenía ni un ápice de celos por aquella que cuya vida había sido tronchada a muy corta edad y siendo víctima de tan penosa enfermedad. El caso de Alba me provocaba más lástima y dolor, que celos.
Pero las palabras del enfermo de Andres aún daban vuelta en mi mente, y el tatuaje con «ese» nombre estaba sobre la piel de Aarón, marcándola; y esa si era una razón poderosa para querer saber cada detalle de esa