YAMILA KAYÁ
—¿Andres tiene razón?— pregunté en un inexpresivo murmuro.
Tenía que haber escuchado yo mal…
Ni siquiera me dio tiempo a espantarme, o a reaccionar. Tampoco hice algún gesto por romper aquel abrazo, y las manos de Aaron sobre mi cintura, me sostenían sin ningún tipo de temor de mi reacción. Era más que claro que él tampoco pensaba soltarme a pesar de lo que acababa de decir.
Su rostro y esos ojos azules continuaban apacibles, como si yo acabara de hablarle de un mal partido d