YAMILA KAYÁ
Miró con ojos ardientes, y parecía como un niño cuando llega a Disneylandia por primera vez, había fascinación pura y absoluta en su expresión. Mi busto era generoso y esto a mi amante parecía encantarle.
El dorso de su mano acarició el centro del monte de mis senos, y su boca se acercó a besar el punto exacto que marcó su mano.
Beso despacito y con hambre, como si mi cuerpo necesitara ofrendas antes de ser devorado.
Ambas manos se apoderaron cada una de uno de mis pechos, y pare