AARÓN BIANCHI
—Alba— murmuré cuando ella localizó aquel nombre tatuado en mi costado, complaciendo su natural curiosidad.
No tenía caso esconderle a Yamila, de quien se trataba y a quien pertenecía ese nombre, sobre todo qué importante había sido esa mujer en mi vida, como para que su nombre estuviera grabado en mi piel con tinta de forma permanente.
—¿Significa algo especial?— preguntó muy relajada, así que solo le dije la verdad, sin creer lo
que sucedería a continuación.
—El nombre de