YAMILA KAYA
Camil pasó por mí y por su sobrino en la mañana, y no notó nada raro en mi comportamiento. En el coche junto a ella venían Ferak, su hijo menor, que era unos pocos meses más pequeño que Amed, y Emira.
—¿Cómo estuvo anoche tu salida?— preguntó mi hermana y solo me preparé para mentir alzándome de hombros.
—Creo que normal— pronuncié con desanimo. La voz del estupido de Andrés me había robado la energía. Camil me miró y prefirió no decir nada más, pensando que mi estado de ánimo