YAMILA KAYA
Antes de las cinco de tarde, un mensaje de texto me aviso que Aarón estaba en el parqueadero esperando por mí, así que me di prisa en cambiarme, y ponerme presentable después de ocho horas de trabajo entre sueros y suturas.
Él era tan puntual, tan exquisito para todo que me costaba creer que tenía algún defecto.
Yo parecía una colegiala nerviosa tratando de impresionar a un chico que realmente no había pedido ser impresionado.
Había pasado gran parte del día en urgencia, cubriendo a