La noche fue larguísima, pero finalmente llego la esperada mañana. Amanecí acurrucada al cuerpecito de Amed, con Aaron velando nuestros sueños, sentado lo más cerca de la cama que le permitía aquel incomodo butacón forrado de cuero blanco, de aquel cuarto de hospital.
A pesar de estar aterrada, el cansancio me venció durante la madrugada, estaba bastante segura que Aaron no había conseguido pegar un ojo,
Me trate de sobreponer al miedo…todo estaría bien, Amed y yo éramos unos triunfadores, podí