POV Viktor
Me alejé de la estación de policía con las manos temblando sobre el volante, el motor rugiendo mientras aceleraba por las calles desiertas de la madrugada. La imagen de Catalina detrás de esas rejas me atormentaba sin piedad: su rostro surcado por lágrimas, los ojos hinchados pero llenos de una rabia contenida, y esa fragilidad que nunca le había visto antes. Era como si, por primera vez, el peso del mundo la hubiera doblegado, y yo... yo había contribuido a eso. Me sentía profundamente culpable. Al verla tan vulnerable, tan humana en su dolor, me di cuenta de lo frágil que era debajo de esa armadura de fuerza que siempre llevaba. Y lo peor: había dudado de ella. Había creído la versión de mi padre sin cuestionar, sin darle el beneficio de la duda que merecía la mujer que amaba. Esa duda me carcomía por dentro como un ácido implacable, royendo mi alma. ¿Cómo pude ser tan ciego? ¿Tan débil?
—¡Maldición! ¡¿Por qué, por qué me estás haciendo esto?! —grité con la voz rota, gol