Sophie sentía que las manos le pesaban una tonelada mientras sostenía aquellos papeles. El rincón de la sala de suministros estaba oscuro, pero las letras en el expediente brillaban con una crueldad que le quemaba las pupilas. No era un simple chisme de pasillo. Eran documentos oficiales, sellos del gobierno y fotos policiales que contaban una historia de terror.
Al principio, sus ojos no querían creerlo. El nombre de Raúl Mendoza apareció en la primera página. Sophie sintió un escalofrío que la