Después de unos minutos que parecieron siglos, Viktor soltó un suspiro largo, como si estuviera soltando todo el aire que tenía guardado desde hace años. La ira que le había encendido la cara momentos atrás empezó a apagarse, dejando paso a una tristeza profunda y serena.
—Sophie, hija, mírame —dijo Viktor con una voz suave, sentándose a su lado en el sofá.
Ella levantó la mirada, con los ojos hinchados y el rímel corrido, esperando que su padre estallara en maldiciones contra Cristian. Pero lo