La noche cayó sobre la ciudad como un manto pesado, carente de estrellas, trayendo consigo un frio que hacía erizar la piel de cualquiera. En la pequeña celda de la estación de policía, Sophie se encontraba acurrucada en un rincón de la litera de cemento. El eco de los pasos del guardia se alejaba, dejándola a solas con el sonido de su propia respiración entrecortada.
No pudo contenerlo más. El primer sollozo escapó de su garganta como un animal herido. Se abrazó las rodillas, hundiendo el rostr