Narrador omnipresente
Dejar atrás todo aquello que nos atormentó no siempre será una tarea fácil, porque los demonios, tarde o temprano, vuelven del abismo para devorarlo todo a su paso, sin piedad.
Mientras Viktor esperaba ayuda en aquella gasolinera olvidada, la realidad de Catalina estaba a punto de derrumbarse en un rastro de amargura absoluta, oscuridad asfixiante y desolación que arrasaría con todo a su paso.
—Vamos, mi niña, debemos empacar todo, ¡lo más rápido posible!
—¿Por qué, mami? ¿Qué pasa? —preguntó Sophie, mientras hacía todo lo posible por moverse rápido.
—Iremos de viaje, será divertidísimo —le dijo Catalina, abrazándola con fuerza, como si quisiera fundirla en su pecho para protegerla del infierno que se avecinaba—. La tía Blanca vendrá con nosotras, solo que tenemos que irnos rápido, ¡o sino perderemos el avión!
El grito de felicidad de Sophie retumbó como un eco frágil, pero fue apagado de golpe por el llamado de Blanca. Sin dudarlo, Catalina bajó las escaleras a