Cassie
La seda me acariciaba las piernas desnudas mientras me revolvía entre las sábanas, presa de un calor imposible de explicar. No era el clima. No era la chimenea encendida que Lucian insistía en dejar a pesar del verano que comenzaba a colarse por las ventanas cerradas a cal y canto.
Era él.
Damon.
No lo veía, pero lo sentía. Su aliento rozando mi clavícula, su voz rasgando el silencio con palabras que no entendía, pero que mi cuerpo sí. Cada fibra de mí reconocía su presencia.
En mi sueño