C79: NO PUEDES COMPARARTE CON LAS DEMÁS.
Así transcurrieron los días, con Sigrid encargándose casi por completo del cuidado del cachorro. Se le había asignado una habitación distinta, una estancia preparada exclusivamente para el cachorro, pues el Alfa le había dejado claro a África que no se acercaría a él hasta que recuperara la estabilidad mental.
Por esa razón, Sigrid no lo llevaba a dormir a la alcoba de África, sino que lo acostaba siempre en la habitación destinada al niño, la que algún día sería suya cuando creciera lo suficiente. Allí lo alimentaba, lo calmaba y velaba su sueño, permaneciendo a su lado con una dedicación constante.
Una de aquellas tardes, el sol bañaba el jardín de la mansión con una luz tibia cuando Sigrid decidió llevar al cachorro afuera. Se sentó sobre el césped, rodeada del verde y del murmullo suave del viento. Los cachorros de lobo crecían con mayor rapidez, y Damián ya mostraba señales de ese desarrollo acelerado: podía incorporarse por momentos, aún no caminaba pero podía mantenerse de pie