Asherad llevaba despierto desde el amanecer, encerrado en su estudio, rodeado de papeles que no lograba leer y de informes que pasaban frente a sus ojos sin dejar rastro alguno en su mente.
Poco después llegó el Beta Cedric. Su porte era el de siempre: correcto, controlado, aparentemente sereno. En el fondo, se sentía tranquilo. Estaba convencido de que lo que había planeado ya estaba en marcha y que solo era cuestión de horas para que el asesino regresara con alguna prueba irrefutable: un mech