C55: EL CASTIGO SERÁ SEVERO.
Un rato después, comenzaron a trasladarlos de un sitio a otro. Varios lobos cargaban las jaulas a pulso, mientras que otras eran colocadas sobre una especie de plataforma de madera, un armazón tosco que era arrastrado por caballos a través del bosque.
Sigrid no podía hacer nada más que permanecer allí, encogida sobre sí misma, con el cuerpo dolorido y el alma hecha pedazos. Se lamentaba en silencio, porque sabía que cualquier intento de rebelión sería inútil. Estaba plenamente consciente de que, si intentaba huir, la matarían sin dudarlo.
Esa idea llegó incluso a cruzar su mente: escapar, provocar su propia muerte y acabar con todo de una vez, antes de enfrentar una vida entera de torturas y humillaciones. Durante un instante, esa opción le pareció casi misericordiosa.
Pero entonces pensaba en Damián. Pensaba en él una y otra vez. Se aferraba a la idea de que, al menos, quería vivir lo suficiente para verlo de adulto. Imaginaba el día en que él se transformara en Alfa, fuerte, respet