Asherad permaneció inmóvil frente a ella, observándola con una atención que no había previsto y que, sin embargo, no pudo evitar. Sigrid, por su parte, quedó completamente paralizada. El gesto brusco con el que alguien la había sujetado del hombro y la había hecho girar la había dejado sin aliento, con el cuerpo rígido y la mente en blanco.
Durante un fugaz instante creyó que se trataba de África, porque estaba acostumbrada a que fuera ella quien la tratara de ese modo, sin delicadeza ni advert