Elliot la besó una vez más antes de apartarse lo justo para mirarla.
—Ahora que tus dudas se han disipado, deberías regresar a tu habitación —le dijo.
Celeste, sin embargo, no se movió. Se aferró a él, negándose a aceptar la separación.
—No, Alfa… Quiero quedarme aquí. Permítame dormir a su lado.
Elliot la observó unos instantes en silencio, como si sopesara sus palabras. Luego, sin oponerse, se recostó sobre la cama y extendió un brazo en gesto de invitación.
—Ven aquí —indicó.
Celeste, al ver