—A mí también me gustaría que te quedaras —le confesó Elliot—, pero no de esta manera, no en contra de la voluntad de tus padres ni dejándonos arrastrar por impulsos momentáneos. Debemos tomar decisiones correctas, seguir el camino adecuado, aunque resulte más difícil.
Tras decir esto, se incorporó lentamente, ayudándola también a levantarse. Celeste había quedado recostada sobre el escritorio, y él, con cuidado, la sostuvo por la cintura para guiarla hasta dejarla sentada en el borde, asegurán