Celeste, todavía envuelta en la intensidad de lo que acababa de experimentar, permanecía entregada a la sensación de bienestar que recorría su cuerpo, y en medio de ese estado, alzó una mano hasta posarla sobre la mejilla de Elliot.
—Eso me gustó mucho, Alfa…
Elliot se quedó quieto por un instante, como si de pronto hubiera despertado de un trance. Parpadeó varias veces, y la claridad regresó a su mente con una brusquedad que contrastaba con el impulso que lo había dominado segundos antes.
Fue